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La AJT es una asociación, registrada con el número nacional AJ3-11513, que ha sido creada con el objetivo de proteger los derechos e intereses de la audiencia joven, la cual consideramos discriminada en el conjunto de televisiones nacionales.
Agradecemos la oportunidad que nos brinda la Defensora del Espectador para exponer una relación no sólo de quejas sino tambien de sugerencias y posibles soluciones.
Nuestra asociación se diferencia del resto de agrupaciones de telespectadores en primer lugar porque está formada por jóvenes que comprenden las necesidades de los jóvenes, y en segundo lugar porque tratamos de ofrecer soluciones en lugar de limitarnos a criticar la programación en base a criterios discutibles. Lamentamos que el resto de agrupaciones se dedique a defender sólo una parte de los consumidores, y sobre todo que digan actuar en defensa o en nombre de una juventud a la que no representan.
La AJT se halla asociada con la ADAM (Asociación para la Defensa del Anime y Manga, o sea, de la animación japonesa), la cual cuenta con más de 900 socios.
1.1. El abandono de los jóvenes.
1.2. El problema de la calidad.
1.3. Exceso de repeticiones.
1.4. Los horarios.
1.5. La variedad de programas.
1.6. La producción propia.
1.7. La influencia de sectores poco representativos.
2. Sugerencias de programación para Antena 3 TV.
2.1. Potenciar la programación juvenil, variada, y de calidad.
2.2. Evitar la censura. Estructura de los horarios.
2.3. El problema de la violencia.
2.4. Novedades concretas.
1.1. El abandono de los jóvenes
No existe una programación orientada a los jóvenes.
Las series de producción propia suelen estar orientadas antes hacia la tercera edad que a
los jóvenes. Es comprensible en términos de audiencia potencial pues los más mayores son buena
parte de la población nacional, pero tambien debemos recordar que un pensionista no dispone de
grandes recursos económicos que invertir en los productos publicitados en tales espacios.
Los programas sentimentaloides parecen estar pensados para la generación anterior, y los telefilmes de cada tarde a veces incluso criminalizan a la juventud, presentando una imagen deformada de la misma.
¿Sería mucho pedir un espacio hecho por y para los jóvenes?
Tenemos programación infantil excesivamente infantil y programación adulta, pero no
programación juvenil.
Recientemente se habla y escribe mucho acerca de la llamada "telebasura", e incluso se han llegado a redactar manifiestos en su contra. Pero... ¿Quien decide lo que es telebasura? Sin duda ha sido un logro que los firmantes de dicho manifiesto se pusieran de acuerdo en su definición.
El problema no está en los temas a tratar en pantalla. Establecer una lista negra de temas no aptos para ser exhibidos sería la peor de las soluciones. La cuestión es el cómo se tratan los temas. Frecuentemente para lograr audiencia se recurre a la superficialidad, la explotación del morbo, la desinformación, etc. No es el tema que se trata sino la calidad del tratamiento lo que diferencia los programas.
¿Existe esa calidad en Antena 3? ¿Se respeta a la audiencia?
Determinadas series han sido repetidas más veces de lo aconsejable. Ello supone no sólo una falta de respeto al espectador (al que se le supone muy poca o nula memoria), sino tambien un empobrecimiento del mercado en lugar de abrir la puerta a nuevas producciones.
Entre estas series destacan "El príncipe de Bel-Air", "El Equipo-A", "Cosas de casa", "El coche fantástico"... Algunas con hasta siete repeticiones seguidas sin descanso (y otras series de más calidad, como "Seinfeld", se anuncian con bombo y platillo para despues estrenarlas a la 1 de la madrugada y retirarlas a la semana siguiente). De hecho, pocas series se han salvado de la repetición si han logrado un mínimo éxito, y eso no es del todo negativo pues ya sabemos que rentabiliza la inversión de la empresa y ofrece la posibilidad al espectador que se perdió algún capítulo de poder verlo o de volver a ver ese otro capítulo que tanto le gustó. Pero todo tiene sus límites y hay que saber mantenerlos.
Nuestra sugerencia es no repetir más de dos veces la misma serie en el mismo año y dejarlas reposar un año o dos, con excepciones causadas por el número de capítulos de que conste. No es lo mismo si tiene 20 capítulos que 200.
Tambien sugerimos que se respete el orden de emisión de los capítulos, algo que no es habitual.
Están simplemente mal distribuidos. Cuando los niños llegan a su casita se suelen encontrar a su madre viendo un telefilme sobre violaciones y juicios, o magazines con temas "rosas" que les aburren mortalmente. Ya no hay un horario infantil de tarde. Y por supuesto nunca ha habido un horario juvenil.
Además, no siempre se cumplen los horarios y no siempre se emite lo que se había anunciado. Ya que Antena 3 TV ha sido la primera cadena que ha creado la figura de Defensora del Espectador podría ser la primera en establecer unos horarios serios: Anunciar su programación íntegra con un mes de antelación y variarla sólo en casos extremos. Así se acabarían los problemas de las revistas especializadas que nunca pueden ofrecer una información fiable a sus lectores, con páginas llenas de "espacio por determinar", y se respetaría un poco más a la audiencia (que al fin y al cabo es quien da ingresos a la empresa, aunque sea como mercancia que se vende a los publicistas).
Y ya es hora de que se respete la normativa europea sobre publicidad, que no se respeta.
Si la calidad es un lujo, la variedad es una obligación.
Redunda en un empobrecimiento cultural una oferta de programación básicamente idéntica a lo largo del día, de la semana, y en cada emisora.
Tambien tiene un efecto adverso sobre los niveles de audiencia: Toda la gente que no está viendo un determinado programa es porque no le interesa, y ofreciéndole uno del mismo tema en otra cadena no se va a seducir al espectador. Es un acierto probar cosas diferentes mientras la competencia emite un espacio de gran éxito, como sucede los martes con "Médico de familia" y "La parodia nacional".
Pero centrémonos en Antena 3. Hay demasiado cotilleo: "Extra rosa", la mitad de "En antena", y la mitad de "La parodia nacional" cebándose exclusivamente en hablar de los famosos, que además son siempre los mismos. Y luego "Lo que necesitas es amor", "Sorpresa sorpresa", y la otra mitad de "En antena" cotilleando sobre la gente común y corriente. Y si se han quedado con ganas, no desesperen, que cualquier telefilme le puede ofrecer más de lo mismo.
A nuestro entender es un exceso y un empobrecimiento de la variedad.
Por cierto, en su emisora no existe programación cultural ni nada que contribuya a una rentabilidad social como se menciona en el punto 2 del código deontológico. A no ser que la palabra "social" se refiera al beneficio de los socios, claro.
Es de baja calidad. Nos duele decirlo, pero desde "Farmacia de guardia" (que la repiten sin ton ni son) no se ha alcanzado un mínimo de calidad ni en guión, ni en actuación, ni en producción. Los temas son repetitivos y carentes de imaginación. Los actores en su mayoría viejas glorias o famosetes por motivos ajenos a la interpretación (En algunas series sólo se salva Alfredo Landa).
Mucho costumbrismo, risa enlatada, España profunda, y ausencia de inteligencia.
Es una vergüenza que en una sociedad plural y democrática la presión de cuatro individuos reaccionarios obligue a las televisiones a retirar espacios de la programación.
Esos individuos tienen nombres y apellidos. Algunos, como "SOS Familia" están relacionados con grupos de extrema derecha que apoyaron a Pinochet y hoy lo siguen haciendo, como es "Tradición Familia y Propiedad". Esta gente consiguió hace un par de años que se retirasen series y programas por considerarlos inmorales, según sus criterios más próximos a la censura oficial franquista que a otra cosa.
Pero otras asociaciones menos radicales tambien son muy poco representativas del conjunto de los consumidores. Al menos nosotros estamos especializados en un sector de los espectadores. Ellos no, ellos son (dicen ser) la voz de todo el país.
Creemos que se pueden respetar los derechos de todos los sectores de audiencia sin dejarse llevar por extremismos ni discriminaciones.
¿Es que les preocupa que los niños vean determinadas cosas?
No hay problema, no es necesario recurrir a la censura. Basta con modificar levemente los horarios, o advertir de los contenidos antes de emitir el espacio en cuestión. Lo que no es justo es que unos pocos decidan lo que vemos todos los demás.
En cuestión de gustos no hay nada escrito. Si algunos padres permiten a sus hijos ver la TV hasta altas horas es responsabilidad de esos padres y no de la sociedad. Si algunos adultos eligen ver un programa nadie tiene derecho a juzgarlos moralmente y exigir la supresión de dicho programa. Al que no le guste, que no lo vea, existen los mandos a distancia para hacer zapping.
Es posible defender a la infancia sin que ello suponga una censura a los jóvenes y a los adultos. Una persona de 15 años no tiene la misma sensibilidad ni los mismos gustos que una de 6 años, y tampoco tiene los mismos intereses a la hora de elegir lo que quiere ver en TV. La estructura de los horarios debe ajustarse a las necesidades de ambos. Y ello no es una utopía, sino un problema de educación que puede ser subsanado por la propia TV.
Es posible crear un horario dedicado a los jóvenes que rompa la bipolarización actual de la programación.
Los espacios deberían ofrecer variedad, porque si siguen dedicándose a los asuntos de los famosos o a explotar la vida privada de los jóvenes, poco habremos avanzado.
Y por supuesto, debe haber un mínimo de calidad. Si dichos proyectos caen en manos de señores que no comprenden a la juventud y dejaron mucho tiempo atrás esa época, es difícil que logren interesar al público joven.
Para evitar la censura y proteger a la infancia la mejor solución es establecer unas franjas horarias de distinta permisividad. Los espectadores deben ser conscientes de la existencia de tales franjas horarias, que además serán convenientemente anunciadas.
Dichas franjas deben, además, respetar a la población no infantil. Es decir, que no deben ser demasiado restrictivas. Dado que la escolarización es obligatoria en nuestro país, ello debe verse reflejado en los horarios. Es decir, mientras los niños están en clase (en nuestros tiempos de 9 a 13 y de 15 a 17 horas, horario peninsular) no es necesario que se emitan programas para todos los públicos. Si debe hacerse en algún caso sería en periodo vacacional, una práctica que cayó en el olvido con el descubrimiento de las telenovelas como "Cristal". Hoy en día las telenovelas han pasado de moda, pero la franja de la tarde en que los menores tienen acceso al televisor se compone básicamente de telefilmes (con argumentos casi siempre en torno a psicópatas y violaciones) y programas chapuceros "extra-rosas".
En relación tambien con los horarios, el niño debe madrugar y necesita dormir, por lo que un horario razonable para el comienzo de la programación adulta es las 22 horas. Si comenzase más tarde los adultos no podrían verla, pues tambien madrugan, y ello perjudicaría sus derechos. Así pues, todo estriba en conseguir el equilibrio, y estamos dispuestos a negociar con las asociaciones más conservadoras al respecto.
Y recordemos el horario juvenil, en el que se deben permitir las emisiones para mayores de 13 años.
Cuando se detuvo a dos niños ingleses por asesinar a otro de menor edad se le dió mucha publicidad al hecho de que uno de los asesinos dijo haberse impresionado viendo "El muñeco diabólico", pero nadie calculó la cantidad de niños que tambien vieron esa película y no han matado a nadie ni sufrido alteración alguna, lo que nos hace suponer que no hay tal relación. Además, tambien se han producido asesinatos por una discusión originada a causa de una partida de dominó y nadie ha hablado de regular el dominó. Toda mi generación ha crecido viendo programas que en su tiempo fueron criticados por su excesiva violencia ("Mazinger-Z", "El equipo-A") sin que hayan sucedido terribles catástrofes a escala nacional. Es más, la generación que los criticaba, los entonces padres de familia, crecieron viendo tiroteos contínuos y peleas de bares en los westerns y series como "Bonanza" sin que ello les haya causado graves perjuicios mentales.
Estamos acostumbrados a oir como cierta una teoría que jamás ha sido demostrada, y ya va siendo hora de que nos demos cuenta de ello. La televisión es un espejo de la sociedad, no a la inversa, y un espejo deformado no puede cambiar la realidad.
Desde luego, nuestra asociación no está compuesta por personas que piensan lo mismo, y entre nosotros hay quien opina que debe controlarse el nivel de violencia exhibido en los medios. Pero pensamos que debe regularse por escalas y no limitarse a un binomio "programación infantil- adulta". Hay una clasificación cinematográfica para las películas que puede trasladarse a la programación; "todos los públicos", "mayores de 7 años", "mayores 13 años", "mayores 18 años". Antes de aprobar una ley de "protección" a la infancia que censure todas las emisiones excepto las del horario marginal de la madrugada deberíamos usar el sentido común y establecer una serie de horarios de distinta permisividad. Así por ejemplo, si el horario que permite emisiones para mayores de edad comienza a las 22 horas, el horario que permita las emisiones para mayores de 13 años debería comenzar a las 20 horas.
Por supuesto deberíamos contemplar el hecho de que la violencia real (reality-show, telediarios) es mucho más perjudicial que la ficticia (quizás la real sea la única perjudicial) y legislarse al respecto.
Y sobre programas como su "Extra rosa" podríamos despotricar alegremente durante diez o doce folios, argumentando que fomentan la incultura de las masas, etcétera. Pero nuestra asociación de telespectadores se diferencia de TODAS las demás en que no somos un grupito de cuatro amiguetes que se reúnen para ver si quitan los programas que a ellos no les gustan a base de criticar e inventarse efectos malignos sobre las mentes de los espectadores. Así que, aunque pensamos barbaridades mil sobre ese "programa", nos las guardamos para nosotros y nos limitamos a señalar que no contribuye a nada bueno. Como única sugerencia al respecto nos gustaría que su duración se redujera. Claro que, también a diferencia del resto de asociaciones, consideramos que esos programas tienen su público y ese público tiene sus derechos.
Y es que los espectadores, sea cual sea su edad, tienen derecho al puro entretenimiento y no se les puede ofrecer una programación repleta de enseñanzas morales y fomento de los valores éticos y humanos. Ahora bien, esto no va sólo por "Extra rosa", "Sorpresa sorpresa", "Lo que necesitas es amor", las telecomedias, y todos esos espacios de nulo valor intelectual (a veces tirando a menos que nulo). Tambien los más jóvenes tienen derecho a divertirse con algo más que patéticas series de dibujos animados pensados para niños de encefalograma plano.
Los adultos casi siempre subestiman la inteligencia de los niños y ello les lleva a producir series que a partir de una edad temprana dejan de ser interesantes y pierden todo su valor didáctico. Sin embargo, una serie emitida en los canales autonómicos como "El mundo de Beakman", aunque no es de animación, resulta extremadamente más didáctica, divertida e interesante.
En definitiva, la programación infantil debe escalonarse en franjas de edad. Los dibujos de menor madurez intelectual deberían emitirse los primeros, y despues pasar hacia los de más nivel. De estos últimos hay pocos, y mal comprendidos.
Tras haber comentado lo general, pasamos a lo concreto.
Hacemos una series de sugerencias con la mejor de las intenciones, confiando en que sean valoradas adecuadamente. En lugar de pedir la supresión de programas nefastos nosotros lo que pedimos es que se ofrezcan nuevos programas.
Anime y Manga.
La afición al mundo de la animación japonesa ha crecido en los últimos años entre los jóvenes y no tan jóvenes de nuestro país. La animación sigue reuniendo mayoritariamente a un público infantil, pero han aparecido producciones capaces de interesar a personas de 30 años o incluso más. Es una audiencia potencial cercana a la mitad de las personas entre 13 y 30, que no debería despreciarse. En Canal 33 de Cataluña, por ejemplo, los espacios de más éxito son los de animación japonesa.
Proponemos que Antena 3 TV dedique su atención a este género emitiendo nuevas series, y si es posible, largometrajes. Sabemos que todavía existe el prejuicio de considerar la animación como exclusiva de los niños, pero esa actitud está cambiando. En su país de origen se les tiene en mayor estima y muchas producciones están dirigidas a un público más adulto, con el consiguiente escándalo al ser emitidas aquí bajo la ridícula etiqueta de "dibujitos para niños". Se exagera por parte de sus detractores la presencia de sexo y violencia en el manga (que es mucho menor a la que nos ofrece cualquier película americana que ustedes emiten en prime-time), y deberíamos recordar que la tasa de violencia y criminalidad en Japón ya la quisiera tener España.
Podemos recordar una anécdota reciente respecto a las series de animación japonesa; nos referimos a la de los niños epilépticos (la serie "Pockemon"). Naturalmente, esto ha servido para relanzar la campaña de desprestigio contra el manga. Seiscientos niños de una audiencia aproximada de tres millones de espectadores vieron activada una dolencia que ya tenían latente desde su nacimiento, algo que los de siempre o no han entendido o no han querido entender. Incluso puede que esto lleve a estos niños a recibir un tratamiento que pudieran no haber recibido, lo cual puede ser beneficioso para la salud de los mismos.
Tampoco debe menospreciarse la animación de otros paises, aunque esta promedia una calidad inferior tanto en guión como en técnica (las últimas series españolas son pésimas).
En conclusión: Sabemos que Antena 3 TV tiene adquiridos los derechos de varias series de animación. Nosotros les animamos a emitirlas cuanto antes en sustitución de otras series que ya han repetido más de la cuenta.
Espacios culturales.
No estaría de más la emisión de documentales o series educativas, aunque ya sabemos que una cadena privada no está obligada a nada más que hacer dinero.
Sin embargo ustedes han dicho apostar por una cierta rentabilidad social, y la cultura es lo más apropiado para ello. Dicen que las personas cultas hablan de ideas, las normales de cosas, y las incultas de otras personas. Se podría sustituir cierto programa que habla de personas famosas por uno que hablase de ideas.
Desterrar la cultura a altas horas de la madrugada no sería una buena solución. La llamada "franja horaria de prestigio" en la que se programaban clásicos del cine es una falacia. No otorga ningún prestigio emitir sesudas películas cuando nadie las está viendo. Destierren los telefilmes a esas horas prohibitivas, si quieren.
Ciclos cinematográficos.
Años atrás Antena 3 ofrecía ciclos de cine por géneros (terror en "Noche de lobos", artes marciales en "Cinturón negro") que tenían escasa repercusión debido a la todavía más escasa calidad de las películas emitidas.
Proponemos que se recupere la idea y se mejore la calidad de los films ofrecidos.
Debates serios y objetivos.
Desapareció el programa de Hermida y nada ha venido a sustituirlo; además, el horario no acompañaba mucho cuando existía.